HISTORIA

MEMORIA HISTÓRICA: la nueva religión.

Todavía hay quién piensa que la Historia es la Historia y nadie puede cambiarla. Nos hablan de la Historia como si estuviera hecha de una serie de dogmas y decálogos, cuestión de fe. He aquí una nueva religión, una religión que es capaz de unir a la izquierda y a la derecha.

Pero lo cierto es que la Historia no es, ni lo ha sido nunca, una descripción objetiva de los hechos. La Historia es una interpretación del pasado, es decir, una interpretación del Todo: Presente, Pasado y Futuro.

La palabra “Pasado” nos proyecta al futuro desde el mismo momento en que la interpretación del pasado resulta desde el presente en que se se halla el intérprete, un futuro deseable. Cuando juzgamos los hechos, estamos haciéndolo desde un presente que inmediatamente ya es también pasado y, por ello, objeto de la Historia. La selección, versión y crítica de los hechos son ya por propia definición terreno de la dialéctica y de la retórica, es decir, de la política.

La política sería el brazo ejecutor de la nueva política social. La Historia nos trasladaría así a un futuro supuestamente anhelado por todos cuya culminación sería la liberación de la Humanidad de todos sus yugos. Esto nos hacen pensar; pero no lo pensamos, claro.

Libertad, igualdad y fraternidad fueron en su momento las primeras palabras de esta nueva religión. Paz y Amor dijeron otros. Estado del Bienestar también lo llaman. Palabras tan hermosas como huecas, pero que resuenan atronadoramente.

Esta nueva Santísima Trinidad, que se presenta más como dogma que como lema, es de obligada creencia para una sociedad que recibe estas enseñanzas en forma de medios de comunicación y sistema educativo. Es, podríamos decir, la “Historia oficial” y todo el mundo tiene obligación de conocerla y seguirla bajo pena de exclusión social.

La libre interpretación de la Historia se convierte así en una herejía. Por supuesto, la religión del materialismo histórico y la lucha de clases no va a permitir otra manera de interpretar, ni siquiera, de pensar. Y se promulgarán leyes que nos impondrán esta nueva ética social, al modo de una religión.

“Memoria histórica” es el nombre que los profetas han dado a esta nueva religión que dicen nos conducirá a la “apoteosis suprema de la Humanidad”, al nirvana del socialismo. Los nombres de los infieles serán expuestos en plaza pública para escarnio, y, por supuesto, como no podía ser menos, sometidos a reeducación.

Roberto Tierno Hernández


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